14 razones para viajar con niños

Si sois una de esas parejas a las que les encanta viajar; si sois los viajeros de la familia o del grupo de amigos; si sois de los que en cuanto enlazan más de dos días libres aprovechan para volar dónde sea y cómo sea y ahora vais a convertiros en padres, preparaos para escuchar aquello de: <<Se os acabó el rollo viajero>>.

Pero, tranquilos, porque para eso hoy queremos compartir con vosotros nuestras 14 razones para viajar con niños.

14 razones para viajar con niños

1. Solo importa el aquí y ahora

Las obligaciones laborales, los compromisos sociales, los horarios escolares… Nuestro día a día está construido de manera en que siempre hay algo que hacer después: <<Date prisa en vestirte que tenemos que ir al cole. Hay que bañarse rápido que tenemos que cenar. No te entretengas comiendo que te tienes que ir a la cama. Ahora no puedo que tengo trabajo. Ahora no puedo que tengo que preparar la comida>>. Ahora-no-puedo, ¿os suena?

Cuando estamos de viaje (sobre todo cuando viajamos fuera de nuestro país), nuestra mente y nuestra atención se vuelcan mágicamente en el aquí y ahora. Lo único que importa es lo que estamos haciendo en ese momento sin pensar en lo que hay que hacer después. Sin prisas, sin presiones.

Posiblemente cuando estamos de viaje sea cuando más estamos viviendo y eso también lo perciben nuestros hijos. Estamos mucho más presentes y ellos se vuelven de nuevo, como cuando eran unos bebés, el centro de nuestro universo. Todo es por y para ellos: <<Mira eso, qué bonito. Claro que te llevo un rato en brazos. Lo estás haciendo genial. Eres una súper-viajera. ¿Te gusta este parque? ¿Qué te apetece comer hoy?>>.

La conexión con nosotros mismos cuando estamos viajando es brutal y eso hace que reconectemos con nuestros hijos como aquello que son: lo más importante de nuestras vidas.

2. <<Si no se acordará de nada>>

-Si no se acordará de nada.
-... Pero nosotros SÍ.

Podría dejar este punto aquí porque la respuesta me parece más que ilustrativa, pero voy a profundizar un poco.

Aunque no recuerden qué vieron en una ciudad o qué hicieron, el cómo se sintieron queda grabado en su memoria interna. Además, puede que nuestros hijos sean la generación más fotografiada y más grabada en vídeo de la historia; difícilmente haya niños de generaciones anteriores con tantos recuerdos al alcance de su mano.

Alma no recuerda la mayoría de veces que hemos visitado Barcelona, pero sí recuerda <<a la chica que gritaba por la Rambla>> cuando ella tenía poco más de cuatro años. Quizá no sea el recuerdo que yo habría elegido para ella, pero es el suyo y a mí me vale.

3. Aprendemos a relativizar

Podríamos decir que cuando viajamos lo hacemos con lo puesto. Prescindimos de todo aquello que no necesitamos y eso hace que comprendamos que todo lo material y accesorio que en casa nos entretiene o nos facilita la vida es totalmente prescindible.

4. Ciudadanos del mundo

Si viajamos con nuestros hijos y les atendemos de forma consciente y presente, nunca se sentirán extraños o inseguros en ninguna parte. Crecerán sintiéndose cómodos en cualquier lugar y serán ciudadanos del mundo.

5. Máster en socialización

Es alucinante comprobar que en cualquier parte del mundo los niños son niños. Aunque no se entiendan con el otro, a pesar de que exista una barrera idiomática o cultural, desarrollan recursos y estrategias de comunicación y nunca les falta con quien jugar. Los niños son extraordinarios.

6. Descubrirán que la belleza tiene muchas caras

Cada lugar tiene su propia estética, su forma de organizar los espacios públicos y las viviendas. Nosotros vivimos en una zona sobre-asfaltada de construcciones más funcionales que bonitas, lo que se traduce en mucho hormigón y poco gusto por lo ornamental, y viajar a ciudades con una estética radicalmente distinta (como puede ser el centro de Núremberg con sus casa de vigas vistas de madera o Marrakech con sus edificios rojo tierra) es una manera de que aprendan que no hay una única forma válida de construir, de vivir o de organizarse.

Aprenderán que cada zona tiene sus peculiaridades y necesidades (muchas veces ligadas a su clima) que, a menudo, marcan el carácter o la forma de hacer de su sociedad.

7. Hay vida más allá de las pantallas

Las pantallas y los juguetes quedan totalmente relegados. Los niños tienen toda nuestra atención y nosotros tenemos toda la suya. No necesitan más y nosotros tampoco.

En mi caso, cuando estamos de viaje, solo uso el móvil como GPS. Y eso no solo significa que estoy más presente para la peque sino que, a título personal, es muy liberador.

8. Viviréis las ciudades

Cuando viajas sin niños, quieres ver lo máximo posible en el menor tiempo. Pero, cuando viajas con niños, empiezas a dejarte muchas cosas de la lista sin ver. Eso sí, descubres lugares que no suelen salir en las guías (parques infantiles, jardines botánicos, plazas de barrio…) pero que os reportan muy buenos momentos en familia y, sobre todo, un gran banco de recuerdos. Os convertís en una familia más del barrio y eso es muy gratificante.

9. El arte de parar

El ritmo frenético de los viajes en pareja queda atrás cuando viajas con niños. Aprendes a parar y a “perder el tiempo”. Los niños necesitan intervalos de descanso y desconexión, y volver al hotel para una siesta a mediodía no es una batalla perdida sino el avituallamiento necesario para la próxima batalla.

10. Entrenarán el oído

Al viajar a países en los que se hablan otras lenguas, les regalamos a nuestros hijos la posibilidad de entrenar el oído con lenguas distintas a la suya. Pero no solo eso, nuestros niños aprenden sobre el terreno a normalizar y a incorporar de forma natural vestimentas, diferencias en el color de piel, rituales y formas de hacer que no están acostumbrados a ver en “casa”.

11. Aprenden a situarse

Cuando tienen edad suficiente para interpretar un mapa, es una idea fantástica que nuestros peques lleven su propio mapa y que colaboren en la preparación de los itinerarios. Podéis retarlos a que sean ellos quienes os guíen hacia el destino deseado y llegar a la meta será un subidón que no olvidarán fácilmente.

Este será un gran aprendizaje para que nuestros peques sepan situarse y desenvolverse en cualquier parte.

12. Perderse no es un final trágico… puede ser un comienzo extraordinario

Aprenden (y nosotros con ellos) que perderse no es tan grave y que lo importante es buscar soluciones utilizando las herramientas de las que disponemos en cada momento. Aprendemos a ser resolutivos.

Además, no hay ejercicio más entretenido que el de perderse por las calles de una ciudad que no conoces. Nosotros hemos descubierto así algunos de los rincones más bonitos y que no aparecían en las guías de viaje.

13. Cuando el extraño eres tú

Viajar a otros países o a otros continentes es un ejercicio de humildad por el que todos deberíamos pasar por lo menos una vez en la vida.

Cuando estás fuera de “casa” aprendes a no desconfiar de lo extraño y desconocido porque lo extraño y desconocido eres TÚ. Pasas de ser el ombligo de tu mundo y el “dueño” de tu “casa” a ser un invitado. Eso hace que volver a tu ciudad tenga otro sabor y que la percibas de una forma distinta, más amplia, menos de tu propiedad.

14. Los niños crecen

Pues sí. No serán niños para siempre. Pronto pedirán quedarse ese fin de semana en casa porque han quedado para ir al cine con sus amigas el sábado, porque van a hacer una fiesta de pijamas en casa de un amigo o porque han quedado para hacer maratón de Harry Potter.

Antes de lo que esperamos, estaremos organizando viajes para dos otra vez. Antes de lo que esperamos, estaremos preparando una “maleta para dos”. Pero, oye, que nos quiten lo bailao.

Si todavía tenéis dudas sobre si es buena idea viajar con niños pequeños, lo único que nos queda por deciros es que, independientemente de que aprendan cosas o no, es una experiencia en familia que no se puede comprar con dinero. Es tiempo en familia vivido en plenitud en unos años que son cruciales para la formación de su personalidad, años que no vuelven jamás.

Esperamos que estas 14 razones os hayan servido para reforzar esas ganas irrefrenables de descubrir el mundo junto a vuestros hijos, y nos encantaría que compartierais con nosotros vuestras propias razones para añadir a esta lista.

8 comments
  1. Nosotros hemos viajado en familia desde que eran bebés y ahora que han crecido tenemos un montón de experiencias y momentos compartidos, creo que viajar estrecha los lazos familiares.
    . Como tu dices cuando viajas es el aquí y el ahora y son los momentos en que es más fácil disfrutar todos juntos. Lo de si no se acordarán, siempre he pensado que por pequeños que sean la esencia de las vivencias la mantienen. Estoy de acuerdo con todo, lo de socializar, conocer otras culturas y lenguas les va genial ya que estimula su creatividad. En cuanto a las pantallas, que te voy a decir…En casa es más dificil que no acaben frente a ellas. Nosotros estamos en esa etapa en que ya a veces no quieren venir (aunque a un viaje a un lugar atractivo se apuntan enseguida) y oye, que nos quiten lo bailao 😉

  2. ¡Qué buenos son estas 14 razones para viajar con niños! Yo no tengo hijos (sí sobrinos) pero coincido plenamente con los motivos que habéis compartido. Me parece fundamental conseguir que los niños se sientan ciudadanos del mundo desde pequeños. Y para conseguirlo, nada mejor como “entrenarles el oído” y hacer ese master en socialización que supone viajar.

    ¡Chapó! Voy a compartirlo con todos mis amigos que tienen hijos para que vean que viajar con niños no solo es posible, sino muy recomendable. 😉

    Saludos.

  3. Yo creo que sí que se acuerdan, al menos si no lo hacen, cuando ven las fotos les vuelve a la memoria todo, eso cuando son más pequeños, de más mayores (a partir de los 8 más o menos, pero depende de niños), ya lo recuerdan todo.
    Mi mayor ya está en la edad de no querer venir de viaje, pero de momento lo estamos obligando a venir…con 14 años no es plan de dejarlo a cargo de nadie 2 o 3 semanas.
    A mí me gustaría que me acompañaran en nuestros viajes durante toda la vida, pero se que pido demasiado…¿o no?

    1. ¡Hola Héctor!

      Creo que debe ser como pasar un duelo cuando te dicen que no quieren venir la primera vez. Espero que tardemos mucho en experimentarlo…
      Supongo que la etapa adolescente tiene mucho que ver con esta intención de despegarse de la familia. ¿Cómo éramos nosotros a esa edad?

      Ojalá pudiéramos viajar juntos para siempre. Al final, cuando viajas con tus hijos os convertís en un equipo viajero y en un equipo, cuando falta alguien, se nota y mucho.

      Un abrazo 🙂

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