Chocolate Nation: el plan más dulce de Amberes

En nuestro paso por Bélgica optamos por dos ciudades en las que establecernos como “centro de operaciones”: Bruselas y Amberes.

Bruselas es, quizá, más turística y puede ser destino único por sí misma. En cambio, Amberes es una ciudad, por decirlo de algún modo, más seria. Aun así, somos de los que creemos que todas las ciudades tienen algo que ofrecernos y Amberes no es una excepción.

Por eso, hoy os traemos un planazo para grandes y pequeños, una experiencia dulce en Chocolate Nation.

¿Dónde está?

Chocolate Nation se encuentra en el cento de Amberes, en Koningin Astridplein 7, justo enfrente de la entrada principal de la Estación Central y custodiando el arco de entrada al Barrio Chino.

Si no lo localizáis a la primera, dejaos guiar por el olor a chocolate que se siente desde la misma puerta.

¿Qué es Chocolate Nation?

Si buscáis información en la red leeréis que Chocolate Nation, que fue inaugurado en febrero de 2019, es el museo de chocolate belga más grande del mundo. Y es cierto, pero es mucho más que eso.

Chocolate Nation no es un museo al uso sino más bien un museo temático; una experiencia sensorial dedicada al chocolate belga. Se trata de 14 salas tematizadas que te llevarán desde la recolección del cacao en diversos países del sur global hasta su llegada al puerto de Amberes, pasando por el proceso de elaboración y, por supuesto, la cata.

Durante todo el recorrido cobran mucha importancia (además de lo que se ve) los sonidos y, sobre todo, los olores. Por poner un ejemplo, en la primera sala en la que nos encontramos con una reproducción de un árbol de cacao, el olor es intenso pero no dulce sino más bien amargo; en cambio, a medida que vamos cruzando salas el olor dulce va cobrando protagonismo hasta (casi) empachar.

Además del museo en sí mismo hay una chocolatería donde podréis comprar chocolate de todos los tipos, sabores y colores y un restaurante.

Nuestra experiencia

Llegamos al museo antes de que abrieran, así que entramos con el primer grupo. Al ser el primer grupo de la mañana no éramos muchos pero suponemos que, a medida que pasan las horas, se debe acumular más gente; por lo que nosotros recomendamos ir a primera hora.

Las chicas que nos atendieron en las taquillas fueron súper amables y simpáticas. Se nota que son conscientes de que el museo es una experiencia global y todos trabajan para ello.

Personalmente, me llamó la atención que las dos taquillas situadas a ambos lados de los torniquetes de entrada parecían mostradores de una chocolatería. Así que, desde un principio, te metes en la experiencia.

Puesto que la visita al museo se hace por cuenta propia, con la entrada nos dieron una audio-guía a cada uno que consistía en un aparato parecido a un teléfono pequeño. Esta audio-guía funciona con una especie de sistema de proximidad con el que puedes escuchar sólo aquello que te interese acercándolo al punto de audio que quieras. Nos pareció de lo más innovador y, claro, para Alma fue un plus de entretenimiento.

Y, nada más cruzar los torniquetes de entrada, nos invadió la experiencia.

Las distintas salas del museo tratan de una parte concreta del proceso por el que pasa el chocolate belga, desde que se recoge del árbol hasta que llega a las tiendas. Y todas las salas están separadas por puertas automáticas que convierten el recorrido en algo más espectacular si cabe.

Nuestra sala favorita fue, sin lugar a dudas, la que representa una fábrica de chocolate. Es una sala mágica y nos sentimos como Charlie en la fábrica de Willy Wonka. Podéis echar un vistazo a las distintas salas en el vídeo que hicimos sobre nuestra visita.

Eso sí, durante el recorrido tuvimos dos momentos estrella. El primero fue cuando, a mitad de la visita, pasamos por una sala donde se nos hizo una demostración de cómo se hace un bombón de praliné con la consiguiente cata. Y el segundo fue cuando llegamos a la última sala y después de bajar por una espectacular escalinata nos encontramos con diez fuentes de diez chocolates diferentes que podíamos probar tantas veces como quisiéramos… Como os podéis imaginar fue donde más rato estuvimos. Si hay un cielo debe de parecerse mucho a esta sala y a la tienda que cierra el recorrido por el museo.

Como pasa a menudo, los planes a los que menos expectativas pones acaban siendo de los mejores. Y en este caso nos pasó exactamente esto; no esperábamos gran cosa de esta visita y salimos alucinados y encantados de haber entrado.

Resumiendo, se nota que el museo es nuevo porque está cuidado hasta el mínimo detalle y mezcla a la perfección la tecnología y la escenografía. Además, durante la visita surgieron algunas conversaciones interesantes con Alma (adaptadas a su nivel de comprensión, claro) como, por ejemplo, la del comercio justo y la explotación de recursos de los países del sur global por parte de los países del norte. Así que, para nosotros, fue una visita de lo más productiva y, con chocolate de por medio, de lo más placentera.

Información útil

– Compra de entradas: pueden adquirirse tanto on-line como en el mismo museo. Si las compráis por internet tenéis que saber que no tenéis que imprimirlas porque podéis presentar el e-ticket en vuestro teléfono en la entrada.

La entrada general cuesta 16,50 €. Si váis con niños tened en cuenta que de 0 a 3 años tienen la entrada gratuita, de 4 a 11 pagan 11,50 €. Podéis ver las distintas tarifas aquí.

– Descuentos: si tenéis pensado invertir en la Antwerp CityCard, sabed que tenéis un 10% de descuento presentándola en taquilla.

– Audioguía: tanto la cata final como la audioguía están incluidas en el precio de la entrada. Las audioguías están en holandés, inglés, francés, alemán y español.

– Horarios: el museo abre todos los días del año de 10:30h a 21h (el último tour empieza a las 19:30h), excepto los días 24/12 y 31/12 que abre de 10:30h a 19:30h (último tour a las 16h).

Importante: el tour dura entre 60 y 90 minutos. El recorrido empieza cada 5 minutos y entran entre 20 y 25 personas como máximo. Las puertas que separan las salas se abren y cierran automáticamente y los tiempos de espera son reducidos.

– Accesibilidad: el edificio está preparado para personas con movilidad reducida y para sillas de ruedas. Por tanto, las sillas de paseo y los carritos de bebé pueden utilizarse durante el recorrido aunque nosotros recomendamos, en la medida de lo posible, dejarlos en la sala reservada para ellos por vuestra propia comodidad.

– Otros servicios: el museo cuenta con taquillas de seguridad gratuitas donde dejar las chaquetas y bolsos. Hay también una sala aparte donde se pueden dejar los carritos de bebé y las sillas de paseo.

Si no conocíais este novedoso museo temático, ahora ya lo conocéis. Así que si vais a pasar por Amberes, dejad un hueco en vuestra agenda para ir a disfrutar de uno de los placeres de la vida: el chocolate.

¿Y a vosotros, os gusta el chocolate?

Y si queréis que os pongamos los dientes largos y ver cómo nos ponemos hasta las cejas de chocolate, no os perdáis el vídeo de nuestro paso por Chocolate Nation.

Nota: agradecemos a Chocolate Nation su atento servicio y que nos hayan permitido disfrutar de la experiencia.

6 comments
  1. Creo que me podría morir de amor aquí dentro. Apuntado lo de ir a primera hora ya que imagino que luego es un poco más ruidoso. Me encanta la idea de poder probar el chocolate en esas fuentes en la que creo que me puedo sentar delante de cada una media hora. Gracias por este post tan apetitoso.

  2. Curiosamemente teníamos en hotel en el mismo edificio que Chocolate Nation de manera que nos animamos a visitarlo. y la verdad es que nos encantó la experiencia. Junto al Museo del Chocolate de Hamburgo, uno de los mejores de éste tipo. Somos adictos al chocolate y solemos realizar este tipo de experiencias casi siempre!

  3. Hace ya varios años que fuimos a Bégica por última vez, pero esta experiencia de Chocolate Nation se acaba de convertir en la “excusa” perfecta para volver a visitar Amberes… 😉
    Además de disfrutar de los museos que permiten la interacción del visitante, somos unos “adictos” al chocolate (si veis la sección de quiénes somos de nuestro blog, averiguareis quién de los dos es más adicto, jejeje). así que este lugar se ha convertido en una visita imprescindible para nuestro próximo viaje a Bélgica. 😉 La sala con las 10 fuentes de chocolate debe ser lo más parecido al paraíso ¿no?

    Saludos.

    1. ¡Hola Dinkys! Pues me parece una magnifica excusa para volver a Bélgica. Este museo es bastante reciente y se nota mucho el cariño que le han puesto. No se si el paraíso es así, pero no me importaría terminar mis días allí jejeje ¡Saludos! 🙂

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